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Mostrando las entradas de mayo, 2024

Travesuras de Don Celso: Santos Inocentes

 No es feriado, tampoco es un día que recibe mucha observancia social o estatal, pero son 24 horas donde las risas de un lado se enfrentan a suspiros de frustración y algunos dolores de cabeza del otro. Santos Inocentes comienza al medio día del 28 de diciembre y termina al medio día del 29 del mismo mes. En anteriores entradas, mencioné que, a mi papá, Don Celso, le gustaba hacer bromas, considerando la observancia que tenía con la “festividad” de los Santos Inocentes, a continuación, describiré algunas bromas y la reacción de aquellos que las recibimos. Es importante resaltar que mi papá nunca fue cruel, no recuerdo que alguien haya terminado llorando o emocionalmente herido por ser blanco de estas inocentadas; nunca nos negó el derecho a “tomarle el pelo”, a veces literalmente. 1.     Cama Rusa. La cama rusa consiste en quitar la sábana de arriba y remplazarla por la sábana de abajo doblada por la mitad para que la parte que normalmente está a los pies de la...

María Zaida

 Hermana mayor de mi papá, cada vez que pienso en ella, la primera imagen que viene a mi mente es de ella riendo. Claro que la primera memoria que tengo de ella no fue en una situación precisamente feliz. Por alguna razón fui a su casa cuando yo tenía cuatro o cinco años de edad, sé que todavía yo vivía en Oruro. La visita fue durante la tarde, era la Noche Buena y yo estaba con Ale. No teniendo adultos cerca, nos dedicamos a “explorar” la casa; específicamente exploramos el primer dormitorio con una puerta abierta, éste resultó ser de Javier porque el dueño del dormitorio no estaba en casa. Lo único que recuerdo es que el dormitorio recibía la luz del sol y que encontramos la bolsita de dulces y nueces de la Navidad anterior. Antes de poder “explorar” algo más, la puerta del dormitorio se abrió y con voz muy seria, mi tía Zaida nos expulsó del lugar. Ahí aprendí que a mi tía no se le escapaba una travesura porque ella estaba originalmente en la cocina y yo no sabía cómo nos ...

Sistemas de Transporte en Nueva York

 En la década de los 80s, mi familia y yo viajamos a Nueva York; llegamos de noche, no recuerdo qué tan tarde era, pero era imperativo encontrar transporte que nos pudiera llevar al hotel donde teníamos reservadas las habitaciones para nuestra estadía. Mientras mi papá, mi mamá y yo recogíamos las maletas, mi hermano Heque y mi hermana Ivi estaban encargados de cotizar y contratar el transporte que nos llevaría al “Hotel Stanford”. Luego de esperar unos 15 minutos cerca de la puerta de salida del aeropuerto, Heque e Ivi aparecieron con expresiones indescifrables e indicando que cotizaron dos opciones: La primera opción era tomar taxi, pero que, de acuerdo a las leyes de transporte locales, cada taxi solo podía llevar un máximo de tres pasajeros y un par de maletas, por lo que debíamos contratar dos taxis para las cinco personas; el precio total hasta el Hotel sobrepasaba los $us.100. La segunda opción nos daba la comodidad de ir todos juntos por un precio módico cercano a los...

Travesuras en Capinota

 Cuando era niña, cada fin de año iba a Capinota a pasar unas semanas gracias a mi tía Gladys que tenía la costumbre de ir con sus hijos Ale y Ceci, mis primos. Recuerdo que mi papá una vez me dijo que yo había nacido sin el gen del orden. Tía Gladys es ordenada, por lo que todos alrededor deben serlo también para que exista harmonía. Durante las semanas que pasaba con ellos, yo desarrollaba el famoso “Gen del Orden” o algo parecido, suficiente para mantener la harmonía, más o menos… ok, mejor me detengo aquí o esta entrada se terminará titulando “Las veces que le saqué canas verdes a la tía Gladys”. Cada día por la mañana, las actividades en la casa estaban enfocadas a la limpieza y orden, luego almuerzo, lavado de platos y finalmente libertad hasta la puesta del sol. Luego cena, un poco de lectura y a dormir. Capinota era en ese entonces un poblado pequeño, a pesar de haber crecido demográficamente desde entonces, nunca ha sido un lugar con muchas opciones de diversión y tu...

Memoria: Mamina

 Mi mamá era bajita de estatura, solo 150 cm de estatura, flaquita, pesaba 38 kg; cada vez que lograba subir un kilo de peso era motivo de celebración en casa. Cabello negro y ojos azules, tez clara, muy parecida a la bisabuela Isidora, ya que compartían estos rasgos físicos, pero tenía la nariz y boca del abuelo Manuel. Mi mamá era tímida, introvertida e insegura de sí misma; sin embargo, cariñosa y juguetona. Su palabra favorita era “¡Mecacho!”, ella nunca decía malas palabras conscientemente, normalmente no se daba cuenta de que tal o cual era una mala palabra al contar un chiste, hasta que le hacían notar el error. Entonces se ponía roja como un tomate y no sabía dónde esconderse. Brillante con las agujas de tejer, cada miembro de la familia tenía un gran repertorio de chompas; fue todo un shock para mí tener que comprar chompas después de su muerte. Despistada. La cantidad de veces que, arreglando las camisas de mi papá, accidentalmente coció una de las mangas a la fra...

Nueva categoría: Oops!

  Mi hermana Ivi tenía un pequeño carro, era práctico, ya que ella tenía que ir todos los días a trabajar en él, desde temprano en la mañana para volver al mediodía a almorzar y luego volver a trabajar para el turno de la tarde. Mi papá era bromista con todos, en especial conmigo y mi hermana. En una carta él me contó que me extrañaba porque no había quien respondiera a sus bromas como lo hacía yo. A mi mamá no le podía hacer bromas porque estaba con cáncer; mi hermana Ivi, solo aguantaba una broma antes de contarle a mi mamá, lo cual ponía fin a cualquier intento futuro; mi hermano Heque, respondía con otra broma de mayor calibre (mi papá jugaba a ganar, máximo empatar, jamás perder); y mi hermano de intercambio David, usualmente no entendía la broma, porque estaba aprendiendo a hablar español. Hasta el día de hoy, no sé en qué forma mi respuesta a sus bromas era diferente. Volviendo al tema, las bromas de mi papá podían ir desde solo un juego de palabras, a hacer pelotitas co...

Mi fascinación con Soda Stereo

Cuando estaban en cuarto básico, mi hermano, Heque, se compró dos discos vinilos de una banda desconocida para mí: “Soda Stereo”. Todas las tardes yo hacía mis tareas sola en casa, eso me daba la oportunidad de explorar y curiosear todo aquello que no sea prohibido, somo ser los discos vinilos, los videos Beta-Max, el dormitorio de mis papás, sus roperos y la despensa. Básicamente, toda la casa excepto los dormitorios de mi hermana Ivi y el dormitorio de mi hermano Heque. Al dormitorio de Ivi yo no entraba porque la había visto llorar al descubrir que Heque le robó unos peluches para regalárselos a una de sus novias, yo no robaba, pero tampoco la quería hacer llorar. Al dormitorio de Heque yo no entraba porque era más desordenado que el mío, existía la presencia sustancias que no entendía y olía raro. No habiendo prohibición expresa de no acercarme a los discos vinilo, un día empecé a explorarlos. Cabe aclarar, que una vez yo rompí un disco de mi papá; el disco era de vidrio, ahí...

Topeka

  Cuando era niña, mi mamá me contó que a mi papá no le gustaban los perros, porque cuando él era niño, un auto atropelló a su perro y desde entonces había decidido que no quería volver a tener perros. Nunca le pregunté a mi papá si esta afirmación era cierta o si había cambiado de opinión porque en ese entonces, yo no preguntaba nada; desde mi punto de vista y conocimiento personal, si alguien me decía algo, ese algo era ley de facto. Topeka, una cachorra de raza Pastor Alemán, llegó a mi casa poco después de que yo iniciara mi año como estudiante de intercambio, yo no la llegaría a conocer sino hasta un año después. Su nombre se lo dio mi mamá, yo había viajado a Kansas, vivía en un poblado cercano a la capital del estado, Topeka. Mi papá se encargó de su entrenamiento. Topeka tenía el aspecto de un perro policía, Pastor Alemán manto negro, buena guardiana y agresiva. La agresividad llegaba hasta ahí; Topi, era una payasa, juguetona, traviesa y mañuda. Sumisa y tierna cua...

Memoria: Cuando corría por diversión

  Cuando vivía en Estados Unidos, en mi año como estudiante de intercambio, se me ocurrió unirme al equipo de atletismo; no por que haya sido velocista o porque sea buena corriendo, sino porque mi hermana de intercambio, Tamara Koontz, era parte del equipo. En ese entonces, yo era tan tímida, llena de miedos y vergüenza, que simplemente preguntar algo a alguien, pedir permiso o ayuda, me aterrorizaba. Cuando Tamara, Tammy, me preguntó si quería unirme al equipo del colegio donde ambas estudiábamos, yo encantada acepté. Correr nunca ha sido mi pasión, no creo haber corrido por gusto desde entonces. Yo era lenta, si bien tenía la resistencia requerida para correr a campo traviesa, nunca logré llegar en una posición mejor que el último lugar. Lo que me mantuvo feliz en el equipo, aparte del hecho de ser la primera vez que pertenecía a un equipo, era que mis compañeros de equipo, eran todos divertidos y muy buenas gentes.

Memorias y Travesuras de Don Celso

  No hace mucho tiempo, escuché en algún lugar que “la memoria de las personas que ya han pasado a mejor vida, solo se mantiene viva por un lapso promedio de cien años; al morir la ultima persona que los conoció, el testamento de quienes fueron, también muere con ellos”. La muerte y el olvido son inevitables, nos llega a todos. Algunos personajes célebres pueden mantener vivos algunos recuerdos porque la historia guarda su memoria en base a sus acciones y /o palabras. La siguiente compilación de "Travesuras y Memorias" tiene el propósito de mantener el recuerdo de Celso Castro Urquidi porque el fue un hombre justo, cariñoso, estricto, travieso y divertido. Mi papá tenia virtudes y fallas al igual que todos los seres humanos; él fue un hombre de bien que me enseño muchas cosas y gracias a quien evité cometer un montón de errores. Los recuerdos aquí compilados, no siguen un orden cronológico, ya que los entrevistados ofrecieron sus recuerdos según estos vienen a la memoria. El ...
Cuándo una travesura deja de ser travesura y se convierte en memoria? Cuántos años tienen que pasar para que la travesura adquira cierto aire de respeto y sea considerada una memoria? Tengo más de cuarenta años y no sé si mis travesuras ya pueden ser consideradas memorias.  Este blog está dedicado a las "Memorias y Travesuras" de mis seres queridos, obviamente incluiré algunas mias ya que el estatuto de castigos por "travesuras perfectas" o no descubiertas, ha expirado hace mucho tiempo.