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Mostrando las entradas de julio, 2025

Travesuras en los Scouts I

 El primer sábado que asistí a una reunión de los Scouts fue el 28 de noviembre de 1.989. La cantidad de travesuras en las reuniones, actividades y eventos relacionados a esta institución es “interesante”. En ese entonces, yo tenía 12 años, era sumamente tímida, introvertida y más o menos obediente, pero también era propensa a tener accidentes por despistada y descoordinada. Al llegar a casa después de cada reunión o actividad, mi papá solía saludarme con un “¿Qué te has hecho?”. A veces respondía con la verdad, normalmente no porque si analizaba mis accidentes desde el punto de vista de un observador ajeno, aquello que empezaba como un tropezón terminaba como una aparatosa ridiculez. Eso sí, hacía reír a aquellos que estuvieran a mi alrededor. En cierta ocasión, los “Hermanos” (que era la forma en la que llamábamos a los dirigentes encargados), organizaron una carrera de postas. Cada posta estaba dedicada a un tema distinto, por ejemplo, en la posta de signos de pista, nos e...

Llantén para mi Papá

 Cuando todavía vivíamos en la casa de la Portales, mi papá tuvo que someterse a una cirugía en la que le cortaron un pedazo de cada párpado porque estos estaban creciendo en demasía y su peso obligaba a las pestañas a cerrar cada vez más los ojos; ello significaba que mantener los ojos abiertos cada vez le cueste más. El procedimiento fue sencillo y exitoso, pero le obligaba a tomarse unos días de descanso obligatorio y seguir un tratamiento por un par de semanas. Inicialmente, debía mantener los ojos cerrados por un par de días, mientras los puntos cicatrizaban; también tenía que tomar calmantes y otras tabletas para evitar complicaciones. Pasados los días de reposo, mi papá tenía que mantener los ojos cerrados y descansar varias veces al día. Mientras estaba en la ferretería, él se encargaba de descansar de tanto en tanto, pero en cuanto llegaba a la casa en la noche, yo ya tenía preparada una infusión de Llantén. Ponía agua a hervir en un recipiente, una vez que el agua...

La Voz

 Esta memoria es de una época no muy pasada. Alrededor del año 2.010, a mi hermano mayor se le metió en la cabeza la idea de usarme como bolsa de boxeo psicológico, es decir, descargar su estrés conmigo. Todo empezó bastante inocentemente, una broma aquí y allá; luego las bromas empezaron a tomar un tinte más fuerte e hiriente, cosas como “¿Te pusiste perfume? Hueles a gato”, “¿El cuarto está desordenado? La Susi debió pasar por aquí” o “¿Te pusiste maquillaje? Pareces payaso”. Mejor no comento acerca de lo que decía respecto a mi vestimenta ya que quiero mantener este blog sin palabras soeces. Cada instante que estábamos juntos en casa o comiendo en un restaurante por el almuerzo familiar de los domingos los ataques continuaban. Para mí, era una pesadilla que nunca parecía acabar ya que, de las bromas, mi hermano mayor pasó a los insultos y finalmente a los gritos. Aquel que diga que los puños duelen más que las palabras, nunca se ha enfrentado a una personalidad así de tóxi...