Oruro en agosto no es divertido.
En el colegio, yo no era precisamente amiguera, pero me llevaba bien con el chico que se sentaba justo detrás de mí, Augusto Emanuel (Ema). Yo era despistada y descoordinada, eso le hacía reír. Grande fue la sorpresa cuando nos encontramos en la universidad; él y los chicos del curso se habían mantenido en contacto y unidos a los “Leos”. Este grupo estaba compuesto por los hijos de los miembros del “Club de Leones”, de cierto sector de la ciudad; algo similar a la “Junior Chamber International” (JCI) a la que ya para entonces pertenecía toda mi familia. Aprovechando que yo tenía amigas solteras, Ema llamó a sus amigos y todos fuimos a una discoteca. Ema y mi amiga Magui se arreglaron de inmediato; fue amor a primera vista. Yo “recuerdo” haber reído bastante y haberme prendido con alguien. Digo “recuerdo” porque me emborraché y solo recuerdo partes de esa noche. Ni idea de la persona con la que me prendí, solo recuerdo que era de mi estatura. Al día siguiente, Magui, Ema y algunos...