Entradas

Benditos sean los mormones

No es secreto que me guste la genealogía. Recuerdo que, de niña, cada vez que podía, le pedía a mi mamá que me contara historias y datos de su juventud y la historia familiar. Ella alegremente accedía; algunas historias y datos todavía los recuerdo, otros no. En cierta oportunidad, cuando su hermano Hugo estaba de visita en casa, agarré unos papeles en blanco y les pedí que me dictaran los nombres del árbol familiar. Nombres y líneas que conectaban empezaron a surgir, cada vez que se mencionaba un nombre, la historia, vida y milagros de esa persona era compartida. Lastimosamente, yo era muy joven como para entender la importancia de toda esa información y no contaba con la madurez emocional necesaria para entender todo aquello. Así que no anoté datos curiosos o fechas importantes, solo los nombres de las personas. De alguna forma, esos papeles sobrevivieron hasta el día de hoy. La palabra milagro viene a mi mente, puesto que no es un hecho menor: Sobrevivió años en un cajón d...

Operación Fiesta y Operación Concierto

¿Cuándo fue la primera vez que me escapé de mi casa para ir a una fiesta? Recuerdo que era sábado. Al llegar a mi casa de la reunión de los Scouts, mi papá empezó a reñirme por la hora a la que llegué. Recuerdo que eran alrededor de las siete de la noche; era verano, por lo que no estaba ni siquiera oscuro; entonces, el teléfono sonó; mi prima Ceci me llamaba para invitarme a salir. Antes de que pudiera responder, mi papá adivinó el contenido de la llamada y, en tono enojado, me gritó que ni siquiera lo pensara, que no lo permitiría. Ceci escuchó los gritos de mi papá; yo solo le dije que la llamaría después. Mi papá me terminó de reñir y yo me fui a mi cuarto. Toda la situación era injusta porque no era tan tarde; yo siempre llegaba de los Scouts alrededor de la misma hora y no era como si saliera todas las noches. Entonces, llamé a Ceci y le dije que nos veríamos en la avenida que estaba a una cuadra de mi casa a tal hora. Mi papá y yo cenamos; él se quedó leyendo y med...

Oruro en agosto no es divertido.

En el colegio, yo no era precisamente amiguera, pero me llevaba bien con el chico que se sentaba justo detrás de mí, Augusto Emanuel (Ema). Yo era despistada y descoordinada, eso le hacía reír. Grande fue la sorpresa cuando nos encontramos en la universidad; él y los chicos del curso se habían mantenido en contacto y unidos a los “Leos”. Este grupo estaba compuesto por los hijos de los miembros del “Club de Leones”, de cierto sector de la ciudad; algo similar a la “Junior Chamber International” (JCI) a la que ya para entonces pertenecía toda mi familia. Aprovechando que yo tenía amigas solteras, Ema llamó a sus amigos y todos fuimos a una discoteca. Ema y mi amiga Magui se arreglaron de inmediato; fue amor a primera vista. Yo “recuerdo” haber reído bastante y haberme prendido con alguien. Digo “recuerdo” porque me emborraché y solo recuerdo partes de esa noche. Ni idea de la persona con la que me prendí, solo recuerdo que era de mi estatura. Al día siguiente, Magui, Ema y algunos...

Mi Vida Secreta

Varias veces, mientras escribía acerca de mi pasado, he mencionado “mi otra vida” o “mi vida secreta”. Creo que es momento de hablar de ello un poco más: Como una típica adolescente, mi privacidad estaba entre las posesiones más preciadas que tenía ya que por diferencia de edad y cultura, no sentía que podía confiar en mis padres. Siendo niña, mi mamá me dijo una vez que, aunque mi hermano mayor solía meterse en problemas, siempre encontraba la forma de enfrentar las consecuencias y solucionar los problemas por sí mismo. Probablemente, la intención de mi mamá era enseñarme a dar la cara cuando me metiera en problemas; sin embargo, yo interioricé que no debía pedir ayuda cuando me metiera en problemas. Por otro lado, yo siempre he sido descoordinada en mis movimientos y un cacho despistada; cada vez que volvía a casa de alguna actividad scout, mi papá me preguntaba “¿Qué me había hecho?” en vez de preguntar “¿Cómo me había ido?” También presté atención cuando mi papá me contó ...

Una pincelada de historia familiar

Solía pensar que “secretos familiares” se refería a cosas como “el tío fulano de tal era mujeriego”, “la tía abuela sotana se escapó del convento” o “el primo tal por cual desapareció con un dinero”, etc. Pero la realidad, aunque puede incluir todos esos ejemplos, también consta de las cosas no dichas; las omisiones. Por ejemplo, recuerdo que cuando era niña, le pregunté a mi mamá acerca de la mamá de mi papá, es decir, la abuela paterna. Me dijo que su nombre era Julia, que ella y su familia vivían en Oruro, que la abuela estuvo enamorada de un aprendiz de sombrerero y que cuando se quisieron casar, el papá de la abuela, Cosme, no consintió en la unión ya que no consideraba al muchacho como alguien con un trabajo suficientemente sólido como para darle una buena vida a su hija. Que cuando el muchacho se fue a buscar nuevos rumbos, la abuela estaba ya embarazada y por temas de tabú social, enviaron a la abuela a vivir en Capinota junto a unas tías que tenían allí una casa y negocio. Jul...

Broken Heart

 Not having friends, I think, has a lot to do with my being heartbroken. “Friends to Lovers” used to be something I thought was a good idea, so I explored it. Well, in the end, I lost the friend and the lover. An especially painful case involved losing a friend, and all the friends in common, because, as I realized too late, they were not my friends, but his, and I just happened to walk in one day. They’ve known each other for most of their lives, if not since birth. I stood no chance. The only one who reminded my friend was somebody I knew before I met the rest. There’s no going back to being “just friends.” That was another painful lesson to learn. Limiting beliefs: Male friends always want to get into your pants, unless they’re gay; but if they’re gay, why would they want to be around you? Society rejection if you don’t have a partner. Men want sex. I trigger people. I’m either too much or just because I am me, I trigger them. ~~~~~~~~ The teacher says my...

Ouch!

 Un día, cuando estaba en la ferre, estaba sentada en mi taburete ejecutivo, apoyada contra un armazón de madera lleno de mercadería y leyendo una novela de suspenso de la autora Anne Bishop, tan metida en la lectura que no me di cuenta de que entró un cliente y se paró frente a mí, pero del otro lado del mostrador que había en la entrada desde la calle. No sé si esperó un momento a que lo atendiera o si de inmediato me habló, pero en cuanto escuché su voz, mi sorpresa fue tan grande que varias cosas ocurrieron al mismo tiempo: Pegué un grito, literalmente salté mientras estaba sentada y este salto causó que el taburete se inclinara hacia atrás y que las patas empezaran a resbalar por el piso de madera mientras yo seguía sentada. Como yo estaba apoyada en un armazón de madera y tenía miedo de caer hacia atrás, usé mi cabeza para empujarme hacia adelante. Pero usé demasiada fuerza porque mi cuerpo y el taburete nos fuimos juntos hacia adelante con fuerza. El primer error de cá...