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Mostrando las entradas de junio, 2024

Arang

Cuando murió mi papá, esos primeros días, la soledad y el silencio eran insoportables. Si bien mi casa es pequeña en comparación a la casa donde crecí, la notoria ausencia combinada con la cantidad de recuerdos acumulados, hacían que los días se hicieran largos e insostenibles. No tengo palabras para describir cuanta falta me hacía tener cariño alrededor. A la semana del entierro, yo ya estaba trepando las paredes con la desesperación de estar sola; afortunadamente, muchos meses antes yo había planeado ir a un concierto de K-pop en Lima. Eso me mantuvo cuerda hasta que volví del Perú, la banda era Big Bang y el concierto fue el mejor de mi vida. En cuanto volví a casa decidí adoptar un perro, no me importaba qué raza, tamaño o color, con tal de que sea hembra, el resto no me importaba. Mi novio se enteró que el Refugio “San Martín de Porres”, tenía una feria de adopción cada domingo en El Prado. Me convenció de esperar hasta el domingo de esa semana por que yo estaba desesperada po...

El Ángel Guardian de la familia

 Mi tía Irma era la hermana mayor, esto le asignaba un rol casi maternal con referencia al resto de los hermanos, si bien la diferencia de edades con la Zaida no era mayor a la media década, la diferencia de edades con el resto sí era gradualmente mayor. Ella era cariñosa y excelente chef. La palabra “poquito” no existía en su vocabulario ya que cada vez que íbamos a comer en su casa, los platos rebozaban en cantidad y calidad; y todos debíamos terminar todo lo que estaba servido en el plato. Ella se encargaba de servir los platos en la cocina y supervisaba que cada plato llegara a su destinatario. Una vez que todos los comensales habían recibido sus platos de comida, ella pasaba a “yapar” a aquellos comensales que hayan estado cerca a terminar de comer, es decir, si ella veía un espacio vacío en el plato, automáticamente el comensal recibía “yapa”. Enfermera de vocación y profesión, tenía más años de experiencia que años de vida por haber trabajado en distintos lugares simultá...

Santos Inocentes II

Pensar en Don Celso solía ponerme triste y hacerme llorar porque lo extraño; sin embargo, estos días pensar en mi papá me hace sonreír, no porque ya no llore su muerte, sino porque me regaló tantos recuerdos, memorias y travesuras que es difícil no sonreír al recordar todo el amor que nos demostró a través de bromas e inocentadas. Siendo justos, también nos hacía reír a las víctimas porque la risa de mi papá era jovial y traviesa. Continuando con las bromas e inocentadas, aquí detallo unas pocas más que vienen fácilmente a la memoria: 1.     Llevarme de paseo. Cada vez que mi papá salía a trabajar, la costumbre y el cariño indicaban que alguien abra y cierre la puerta del garaje para que él pudiera sacar su camioneta e ir a su trabajo. Durante las tardes, ese “alguien” normalmente era yo. Una vez que mi papá sacaba su camioneta, yo me acercaba a la ventanilla del conductor y metía mi cabeza para darle un beso de despedida en la mejilla; normalmente yo necesitaba sal...