El Ángel Guardian de la familia
Mi tía Irma era la hermana mayor, esto le asignaba un rol casi maternal con referencia al resto de los hermanos, si bien la diferencia de edades con la Zaida no era mayor a la media década, la diferencia de edades con el resto sí era gradualmente mayor.
Ella era
cariñosa y excelente chef. La palabra “poquito” no existía en su vocabulario ya
que cada vez que íbamos a comer en su casa, los platos rebozaban en cantidad y calidad;
y todos debíamos terminar todo lo que estaba servido en el plato. Ella se
encargaba de servir los platos en la cocina y supervisaba que cada plato llegara
a su destinatario. Una vez que todos los comensales habían recibido sus platos
de comida, ella pasaba a “yapar” a aquellos comensales que hayan estado cerca a
terminar de comer, es decir, si ella veía un espacio vacío en el plato,
automáticamente el comensal recibía “yapa”.
Enfermera
de vocación y profesión, tenía más años de experiencia que años de vida por
haber trabajado en distintos lugares simultáneamente durante mucho tiempo. Su carácter
fuerte, pero tierno la destacó como líder innata, ello se tradujo en desempeñar
como jefa de enfermeras en distintos hospitales y mano derecha de incontables
doctores.
Cada vez
que alguien en la familia se encontraba enfermo o con alguna dolencia podía estar
seguro que mi tía Irma sabría el camino a seguir, el tratamiento necesario o a
qué especialista consultar.
Ella fue el ángel de la guarda de mi mamá cuando mi mamá tuvo que someterse a una operación larga; el cáncer que adolecía había creado metástasis en una de sus costillas por lo que había que extirpar ese pedazo. Tía Irma estuvo presente durante toda la operación, ella entró como observadora, pero pronto se ganó el respeto de los doctores y enfermeras ayudando y vigilando que mi mamá salga exitosa de la mesa de operaciones.
Ocho horas
duró la operación. El solo saber que tía Irma estaba dentro de la sala de operación
hizo que toda mi familia esté más tranquila y confiada en un resultado
positivo.
Al terminar
la operación, vimos al doctor salir exhausto. Resulta que cortar la costilla no
fue fácil, mi mamá tenía la costumbre de consumir suplementos de calcio, esto
se tradujo en costillas y huesos excepcionalmente fuertes y difíciles de
cortar.
Por otro
lado, mi tía Irma estaba feliz y fresca como una lechuga ya que la sala de
operaciones era como un segundo hogar para ella, nos contó acerca de la
costilla, la dificultad del doctor para cortarla y finalmente dio su visto
bueno al doctor refiriéndose a él como “jovenzuelo”. Cabe aclarar que el doctor
que operó a mi mamá era el jefe oncólogo de la clínica, tenía la cabeza poblada
de canas y rondaba los cincuenta o sesenta años de edad.
Tía Irma
era alegre, jovial y jamás dudaba en ayudar al prójimo; en próximas entradas escribiré
más acerca de su entereza y calidad de vida que influyó positivamente a incalculables
vidas.
Comentarios
Publicar un comentario