Ouch!

 Un día, cuando estaba en la ferre, estaba sentada en mi taburete ejecutivo, apoyada contra un armazón de madera lleno de mercadería y leyendo una novela de suspenso de la autora Anne Bishop, tan metida en la lectura que no me di cuenta de que entró un cliente y se paró frente a mí, pero del otro lado del mostrador que había en la entrada desde la calle.

No sé si esperó un momento a que lo atendiera o si de inmediato me habló, pero en cuanto escuché su voz, mi sorpresa fue tan grande que varias cosas ocurrieron al mismo tiempo:

Pegué un grito, literalmente salté mientras estaba sentada y este salto causó que el taburete se inclinara hacia atrás y que las patas empezaran a resbalar por el piso de madera mientras yo seguía sentada. Como yo estaba apoyada en un armazón de madera y tenía miedo de caer hacia atrás, usé mi cabeza para empujarme hacia adelante. Pero usé demasiada fuerza porque mi cuerpo y el taburete nos fuimos juntos hacia adelante con fuerza.

El primer error de cálculo vino cuando me di cuenta de que mis pies estaban detrás de la maderita que hacía de grada/apoyo en el taburete y no podía sacarlos a tiempo para evitar la caída.

El segundo error apareció cuando me di cuenta de que no había suficiente espacio para caer entre el lugar donde originalmente estaba el taburete y el mostrador, pero ya era demasiado tarde porque estaba cayendo y el mostrador era hueco en la parte que daba hacia la ferre.

Mis manos no llegaron a agarrar el borde del mostrador porque estaban ocupadas soltando/arrojando el libro. Aterricé dentro del mostrador y tuve que desenredarme del taburete, salir del mostrador y pararme en segundos para atender al cliente. Todo esto ocurrió en un lapso de segundos.

No recuerdo si llegué a vender algo, el señor solo me miraba sonriente hasta que se fue.

El inventario de ese día incluyó: un chichón en la nuca, tortícolis y moretes en la parte delantera y trasera de mis rodillas.

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