María Zaida
Hermana mayor de mi papá, cada vez que pienso en ella, la primera imagen que viene a mi mente es de ella riendo. Claro que la primera memoria que tengo de ella no fue en una situación precisamente feliz.
Por alguna
razón fui a su casa cuando yo tenía cuatro o cinco años de edad, sé que todavía
yo vivía en Oruro. La visita fue durante la tarde, era la Noche Buena y yo
estaba con Ale.
No teniendo
adultos cerca, nos dedicamos a “explorar” la casa; específicamente exploramos
el primer dormitorio con una puerta abierta, éste resultó ser de Javier porque
el dueño del dormitorio no estaba en casa. Lo único que recuerdo es que el
dormitorio recibía la luz del sol y que encontramos la bolsita de dulces y
nueces de la Navidad anterior.
Antes de
poder “explorar” algo más, la puerta del dormitorio se abrió y con voz muy
seria, mi tía Zaida nos expulsó del lugar. Ahí aprendí que a mi tía no se le
escapaba una travesura porque ella estaba originalmente en la cocina y yo no
sabía cómo nos había encontrado.
Años
después, no recuerdo la situación exacta, pero, mi tía Zaida dijo: “Haz lo
que quieras hacer porque aquellos que te quieran criticar, lo harán de todas
formas”. Yo era una persona muy
insegura de mi misma, trataba de pasar desapercibida cuanto fuera posible,
tenía miedo de decir o hacer todo aquello que me atrajera atención. No recuerdo
si sus palabras iban dirigidas a mí, pero se quedaron conmigo.
Sus
palabras me dieron la fuerza que necesitaba para empezar a salir de mi esquina;
gracias a ella, cuando empezaron a criticar mi gusto por el K-pop, respondí
consiguiendo más música en coreano.
En otra
ocasión, cuando la familia estába en Capinota, el cuidador de la Huerta dijo
que quería negociar algo relacionado a su trabajo con un poco de Chicha, mi tía
Zaida anunció que ella estaba dispuesta a negociar en quechua, pero que no iba
a tomar, a lo que mi tía Irma se ofreció de voluntaria para tomar la Chicha.
Horas
después, mi tía Irma estaba alegre y mi tía Zaida informó a la “Primera Plana”,
el resultado de las negociaciones. Ahí aprendí que nadie podía obligar a mi
tía Zaida a tomar alcohol. Nuevamente, sus palabras y acciones se quedaron
conmigo.
En ese
entonces mis compañeros de trabajo me presionaban constantemente para
emborracharme con ellos; gracias a mi tía Zaida, pude encontrar la fuerza para
decir no.
Al morir mi
papá, mi tía Zaida y toda la Primera Plana me rodearon de cariño; la paciencia,
los consejos y la confianza que me dieron me ayudaron a salir adelante. Los
llevo a todos en mi corazón.
Todos los
domingos por la tarde, mi tía Zaida abría las puertas de su casa para que la
familia se reuniera a jugar cartas, reír, charlar y tomar tecito; esta
tradición empezó mucho antes de que muriera mi papá y continuó hasta que llegó
la pandemia, solo entonces se suspendió. Era mi día favorito porque podía ver a
mi familia, darle un abrazo a cada uno y llenarme de energía positiva para
enfrentarme a lo que vendría durante la semana.
Mi tía
Zaida me contó varios “secretos” de mi familia, gracias a ella y a la Primera Plana
es que pude entender el contexto de varios acontecimientos que tuvieron lugar
durante mi juventud.
No tengo
palabras suficientes para expresar todo lo que ella significó para mí, cuanto
me ayudaron sus palabras y continúan dándome un Norte a seguir.
Mis
creencias espirituales indican que cuando un alma llega al Cielo, ésta puede
sentir el amor de aquellos que quedamos en la Tierra porque puede ver nuestros
corazones. Mi tía Zaida está rodeada de luz y amor, no solo porque está en
Casa, sino por todo el amor que los que estamos aquí sentimos por ella.
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