Mi salida del armario "Woo-Woo"

Desde hace semanas, he estado sintiendo el “llamado” a escribir acerca de mí, también he estado ignorando ese llamado porque este blog se supone que está dedicado a historias felices, memorias y travesuras.

El miedo a escribir viene de la potencialidad de ¿Quién podría leer? ¿Cómo les afectaría? ¿Qué dirán de mí?

Algunas de mis memorias y travesuras fueron censuradas por el “miedo” de que sean reutilizadas y modificarlas para propósitos similares, aunque más modernos.

Ahora veo que ese miedo no justifica mi silencio, nada justifica mi silencio.

Durante años me he mordido la lengua, aquello de lo que quería hablar, compartir y publicar lo he silenciado en el nombre de ¿Quién me creería? “No tengo a nadie”. Parte de ese miedo ahora ya no existe porque ahora ya he vencido ese miedo y me he arriesgado a contarle a algunas personas, por ejemplo, a mi querida Ivi, quien pacientemente me escucha sin juzgar.

La gratitud que le tengo es inmensa, no solo por no juzgarme, sino porque ya no tengo que fingir que soy una persona normal; las otras personas que me aceptaban “tal cual soy” eran mis padres, esa es otra razón por la cual me fue tan difícil aceptar y sobreponerme a su muerte.

Mi mamá siempre estuvo interesada en lo paranormal y sobrenatural. Desde que tengo uso de razón recuerdo que a ella le gustaba investigar aquello que no tenía una explicación científica. Era nuestro secretito.

Empezó cuando estábamos en un hotel en La Paz, mi mamá y Heque estaban conmigo, pero en ese momento ellos estaban en otro cuarto o carca a la puerta; yo vi algo en la pared del cuarto del hotel. Recuerdo que la pared tenía un empapelado verde obscuro, era grueso, parecía alfombra, o tal vez era alfombra. Había alguien en la pared, medio cuerpo sobresalía, como una sombra. No recuerdo exactamente qué era, pero algo salió de la pared y yo empecé a gritar.

Yo no había aprendido a hablar todavía por lo que no supe cómo explicar la sombra que salió de la pared. Mi mamá y Heque vinieron cuando empecé a gritar, yo apuntaba a la pared y seguía gritando. Heque me dijo algo cerca a “No hay nada”, pero mi mamá lo contradijo al decir “Ha visto algo”.

Mi mamá me creyó, aceptó que yo había visto algo que no sabía cómo explicar, pero explicaba el porqué yo no me acercaba a la pared.

La siguiente vez ocurrió años después, en la casa de la Portales, había un cajón de ropa antigua, vestidos de los años 60s y 70s, disfraces a medio coser y proyectos que quedaron a medias.

A mí me gustaba investigar todos esos tesoros, vestirme de lo que haya y modelar para mi mamá que normalmente estaba a mitad de coser o arreglar alguna otra prenda.

Un día, bajo a supervisión de mi mamá, me estaba poniendo un vestido verde que debió pertenecer a Ivi. El vestido me quedaba grande, pero me trajo recuerdos, así que le dije a mi mamá que yo había usado vestidos como aquel, que me llegaban a los tobillos y tenían los hombros abultados.

Mi mamá me pidió más detalles, le dije que “antes, hace mucho tiempo, pero que el dónde ya no recordaba”. Mi mamá me sonrió, me dijo que eso era una memoria de una vida pasada.

Me gané otra sonrisa cuando le confesé que ella tenía un reborde de transparente alrededor de su silueta, a veces podía llegar a distinguir el principio de algún color específico, pero eso requería concentración y que la persona se quedara quieta, normalmente era un reborde transparente de aire un poco más denso que el resto.

Eran los 80s, en ese entonces no había información acerca de sucesos paranormales o sobrenaturales.

Entre aquellos recuerdos felices y de aceptación queda uno que no lo es: Yo podía escuchar voces.

Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que escuchar voces es un síntoma de esquizofrenia, una enfermedad mental aterradora. Las voces que yo escuchaba eran aterradoras de por sí porque eran guturales, no decían palabras, solo gruñidos y vacío. Era lo que yo podía escuchar cuando me acercaba a ciertas esquinas de la casa.

Los sonidos me asustaban tanto que empecé a poner música fuerte para anularlos, no recuerdo qué edad tenía, sé que emocionalmente era una niña, pero hasta el día que murió mi mamá, yo era emocionalmente una niña.

El error ese día fue prender la televisión pensando que el ruido anularía lo que escuchaba; mi mamá me acusó de mentirle para poder prender la televisión durante el día, cuando la tele no estaba permitida.

Desde entonces dejé de contarle lo que veía y sentía.

Mantener la radio prendida con música todo el día me ayudó a dejar de escuchar esas voces. La validación de que no estaba loca la recibí hace un par de meses:

Al crear una cuenta en TikTok, ví un video de una cámara de seguridad filmando un cuarto y grabar el momento en que otra cámara desaparece de la vista para aparecer y caer del cielo raso sobre una cama donde la hija del dueño de casa se sobresalta por el suceso.

La parte 2 del suceso muestra al dueño de casa junto a su hija compartiendo aquello que la cámara captó en los momentos que desapareció de la vista. No hay imagen, solo vacío, negro y voces guturales, sonidos que no forman palabras entendibles, gruñidos y distorsión sonora. Exactamente aquello que yo podía escuchar al acercarme a ciertas esquinas en la casa de la Portales.

El video en TikTok es del Reino Unido, se hizo viral tanto por la cámara que desaparece de la vista en un cuarto para reaparecer en otro, como los sonidos y voces guturales grabados en los instantes en que desapareció.

Ahora, creo que lo que yo podía escuchar eran sonidos de otra dimensión. Esos sonidos los volví a escuchar una vez más, esta vez en mi departamento, cuando estaba en la lavandería. El miedo a escuchar esos ruidos, es lo que no me permite a mí misma explorar la posibilidad de abrir mi tercer ojo, porque la clariaudiencia es parte de abrir esa puerta.

No sé si mis padres se dieron cuenta de que yo tenía terror de acercarme a algunas esquinas, en especial solita. Una esquina solía estar en el cuarto de Heque, hasta que se hicieron modificaciones y era la esquina detrás de la televisión en el cuarto de estar.

Ver y sentir fantasmas lo compartí con mi papá porque él podía escucharlos; pero eso fue años después de que mi mamá murió. La casa de la Portales era pesada.

Siempre he podido ver fantasmas, normalmente no sé que lo que estoy viendo son fantasmas hasta que desaparecen. Usualmente los veo cuando estoy estresada, pero no es regla. Lucen igual que todos, la vestimenta es la común y corriente, solamente no me miran a los ojos.

Considerando que muchas personas, por regla general, no miran a otros a los ojos, puede describir a medio mundo; eso no significa que sean fantasmas.

La semana pasada estaba caminando con mi perrita “Asha” en el parque cuando vi a mi amigo Yury caminando con su perrita de raza Husky “Waira”; me quedé de una pieza y con la boca abierta porque me animé a llamar a Waira y ella volteó a mirarme. No me animé a llamar a Yury.

Yury murió el año 2.018 y “Waira” fue robada el año 2.004 o 2.005 cuando tenía un año.

Ambos estaban cerca de un metro o metro y medio diagonal mío, los estuve siguiendo de cerca por medio parque por mi asombro y la sorpresa. Sé que eran fantasmas porque Asha no se acercó a olfatear a Waira. Asha es el tipo de perro que se acerca a absolutamente todos los perros, pero no se acercó a Waira.

No tengo duda de que la persona que vi era mi amigo Yury, iba vestido de Scout, la gorra, polera, riñonera, gafas, peinado, cara y rasgos físicos, Todo eran exactamente iguales al Yury que yo recuerdo, excepto que cuando Yury murió tenía la complexión de un cuarentón y la persona que estaba delante de mí tenía la cara de Yury cuando estaba en sus veintes. Mismo cabello, pero sin canas.

Yury y yo fuimos amigos alrededor de 20 años, fue mi prende fijo de fiestas y campamentos. Sé que era él.

Llegando al final del parque, él y Waira cruzaron la avenida y continuaron caminando; Asha y yo nos quedamos en el parque en el que estábamos, no los seguimos. Asha y yo nos fuimos a casa, yo con un nudo en el corazón y montón de recuerdos amontonándose en mi mente.

Antes de este encuentro, yo solía ver fantasmas sentados dentro de carros. Un minuto eran personas sentadas en el asiento del pasajero o en el asiento de atrás y luego ya no estaban ahí; sin tiempo de haber podido salir, era ahí cuando me daba cuenta de que eran fantasmas.

Yo soy sensible y puedo sentir energía, soy espiritual, creo firmemente en la existencia de Ángeles. Charlo con mi equipo de Ángeles y Guías constantemente, ellos me responden de distintas formas, por medio de canciones, números, videos que veo, plumas que me regalan, etc. A veces sueño con ellos, sé que son bromistas y de vez en cuando puedo llegar a sentir su frustración conmigo, principalmente cuando no logro sumar dos más dos en conceptos y prácticas espirituales.

A veces los puedo sentir sonreír y siento el calor cuando me dan un abrazo en medio de mi llanto. Son realmente pacientes conmigo, los quiero mucho y les agradezco todo lo que hacen.

Mi vida ha estado llena de sucesos paranormales: fantasmas, OVNIS, recuerdos de vidas pasadas, auras, ruidos inter dimensionales, etc. Y todo esto siempre lo he mantenido callado y secreto, o se lo he contado a un par de personas alguno que otro suceso; nunca todo.

Aquello que veo, ¿quién me lo creería? Es lo que pensaba. Ahora, ya he aprendido que yo soy yo, estoy aquí, he nacido y no soy un error.

Me ha costado mucho tiempo aprender y procesar esa verdad porque por mucho tiempo quise corregir lo que pensé que era un error. Esa es la otra parte de mi confesión: Yo creía que era un error y quería corregirlo librando al mundo de mí existencia.

Ivi sabe de las tres noches: la primera cuando le pedí ayuda; la segunda, cuando me enfrenté a mis temores y partes más oscuras; y fueron los Ángeles los que me ayudaron. Y la tercera, cuando hice regresión hasta el inicio de esta “idea” en mi vida. Ahora, ya aprendí que yo valgo, utilizo mis dones para sanar emocionalmente y avanzo con paso seguro, a veces como la tortuga, pero avanzo.

 

 

 

 

 

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