Sistemas de Transporte en Nueva York

 En la década de los 80s, mi familia y yo viajamos a Nueva York; llegamos de noche, no recuerdo qué tan tarde era, pero era imperativo encontrar transporte que nos pudiera llevar al hotel donde teníamos reservadas las habitaciones para nuestra estadía.

Mientras mi papá, mi mamá y yo recogíamos las maletas, mi hermano Heque y mi hermana Ivi estaban encargados de cotizar y contratar el transporte que nos llevaría al “Hotel Stanford”. Luego de esperar unos 15 minutos cerca de la puerta de salida del aeropuerto, Heque e Ivi aparecieron con expresiones indescifrables e indicando que cotizaron dos opciones:

La primera opción era tomar taxi, pero que, de acuerdo a las leyes de transporte locales, cada taxi solo podía llevar un máximo de tres pasajeros y un par de maletas, por lo que debíamos contratar dos taxis para las cinco personas; el precio total hasta el Hotel sobrepasaba los $us.100.

La segunda opción nos daba la comodidad de ir todos juntos por un precio módico cercano a los $us.100, pero sin sobrepasarlos. Obviamente mi papá eligió la segunda opción, el modo de transporte elegido era ir en Limusina.

Mi mamá llevaba consigo la dirección del hotel que era 43 W 32 Street, pero el momento de indicar la dirección al chofer, cometió el error de decir “32W 43 Street”.

Cuando llegamos al lugar nos dimos cuenta del error, afortunadamente, en ese entonces existía un hotel en esa dirección, pero era un hotel de mala muerte al que apodamos cariñosamente “Hotel Frankenstein”. En vez de tener un salón para comer en la planta baja, tenía algo como un club nocturno, habían varios hombres vestidos con traje y corbata entrando y saliendo del lugar.

No sé quién tenía la mejor cara de sorpresa, los contendientes eran varios:

Mi familia, el personal del hotel, los “hombres de negocios” en la planta baja o los policías que estaban vigilando el “movimiento” del hotel en la calle.

No todos los días llegan bolivianos en limusina a altas horas de la noche a un hotel que está bajo vigilancia policial. Además, era la década de los 80s, cuando no existía la información de forma digital y Bolivia no era conocida por su Carnaval.

Por la hora y por el hecho de que las calles estaban desiertas, decidimos pasar la noche en ese hotel y trasladarnos al correcto en la mañana. Recuerdo que mi mamá estuvo bastante rato en el teléfono tratando de solucionar la equivocación.

Al día siguiente nos trasladamos al hotel correcto y el resto de la estadía en Nueva York pasó sin mayores incidentes, excepto por un anillo olvidado en cierto museo, pero recuperado por la maravillosa honestidad de la señora de la limpieza y por un par de hombres que nos seguían en nuestra ruta turística. Heque me los señalaba de rato en rato, dijo que probablemente eran policías vestidos de civil.

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