Topeka
Cuando era niña, mi mamá me contó que a mi papá no le gustaban los perros, porque cuando él era niño, un auto atropelló a su perro y desde entonces había decidido que no quería volver a tener perros.
Nunca le pregunté a mi papá
si esta afirmación era cierta o si había cambiado de opinión porque en ese
entonces, yo no preguntaba nada; desde mi punto de vista y conocimiento
personal, si alguien me decía algo, ese algo era ley de facto.
Topeka, una cachorra de
raza Pastor Alemán, llegó a mi casa poco después de que yo iniciara mi año como
estudiante de intercambio, yo no la llegaría a conocer sino hasta un año
después.
Su nombre se lo dio mi mamá,
yo había viajado a Kansas, vivía en un poblado cercano a la capital del estado,
Topeka. Mi papá se encargó de su entrenamiento.
Topeka tenía el aspecto de
un perro policía, Pastor Alemán manto negro, buena guardiana y agresiva. La
agresividad llegaba hasta ahí; Topi, era una payasa, juguetona, traviesa y
mañuda. Sumisa y tierna cuando mi mamá estaba cerca; atenta y servicial cuando
mi papá estaba presente; y un circo con patas, cuando yo estaba en las
inmediaciones.
La cantidad de anécdotas,
travesuras y memorias de Topi es bastante extensa, hoy solo incluiré una de
cada una.
Memoria:
Topi sabía que mi mamá
tenía cáncer, ya sea por instinto o por olfato, ella sabía que mi mamá era
generosa con las caricias si una se quedaba quieta para recibirlas. Topi podía
estar corriendo y jugando al máximo, pero en el momento en que mi mamá aparecía
por la puerta, Topi detenía todo juego para ir a sentarse en un lugar próximo al
lugar por donde mi mamá pasaría de camino a la puerta de casa. Pacientemente
esperaba un par de caricias en la cabeza para luego verla alejarse lentamente
del lugar. Una vez que mi mamá se encontraba dentro de casa, su personalidad
juguetona volvía a aparecer.
- Recuerdo recopilado por Susann Castro G.
Travesura:
Topi no medía ni su
fuerza, ni su tamaño; pararse de dos patas para saludar a un adulto normalmente
resultaba en que este adulto se tambaleé o diera un par de pasos hacia atrás.
Adultas, podíamos terminar en el piso si cometíamos el error de no esquivar tal
abrazo; un colazo fue suficiente para que mi sobrina terminara en el piso,
valga la aclaración, Topi estaba batiendo la cola, mientras que mi sobrina
estaba caminando cerca a Topi.
La única que no sufrió un
abrazo de dos patas de Topi, fue mi mamá, pero si sufrió de las consecuencias.
Una mañana, justo después de que mi papá se fuera a trabajar, mi mamá se quedó
parada en la puerta de casa mientras conversaba con la vecina de la casa contigua;
Topi, jugando y saltando en el patio empujó la puerta que mi mamá mantenía
entrecerrada causando que la puerta terminara de cerrarse por completo y
empujara a mi mamá fuera de casa, sin llaves para poder volver a abrir la
puerta.
Mi mamá, ayudada por la
vecina, tuvo que pasar por la pared que ambas casas compartían para poder
volver a entrar a la casa.
- Recuerdo recopilado de Amelia Garnica B.
Anécdota:
Cuando mi papá estaba una
tarde haciendo mantenimiento del jeep rojo que tenía, había herramientas, pernos
y tuercas cerca al motor; Topi se encontraba echada cerca. En un momento dado,
mi papá decidió recoger sus herramientas y trasladar todo cerca al motor de su
camioneta blanca.
Mientras acomodaba sus
herramientas para empezar el mantenimiento en el motor de la camioneta, tuvo
que detenerse asombrado al ver que Topi dejaba junto a él un pequeño montón de
pernos y tuercas que cargó dentro de su hocico desde el lugar donde estaba el
jeep rojo hasta el lugar de la camioneta blanca.
Mi papá dijo haber quedado
conmovido y emocionado.
-
Recuerdo
recopilado de Celso Castro U.
Futuras entradas incluirán
la vez que mi papá y Topi “cantaron” juntos y otras anécdotas, travesuras y
memorias.
- Susann Castro G.
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