Una pincelada de historia familiar

Solía pensar que “secretos familiares” se refería a cosas como “el tío fulano de tal era mujeriego”, “la tía abuela sotana se escapó del convento” o “el primo tal por cual desapareció con un dinero”, etc. Pero la realidad, aunque puede incluir todos esos ejemplos, también consta de las cosas no dichas; las omisiones.

Por ejemplo, recuerdo que cuando era niña, le pregunté a mi mamá acerca de la mamá de mi papá, es decir, la abuela paterna. Me dijo que su nombre era Julia, que ella y su familia vivían en Oruro, que la abuela estuvo enamorada de un aprendiz de sombrerero y que cuando se quisieron casar, el papá de la abuela, Cosme, no consintió en la unión ya que no consideraba al muchacho como alguien con un trabajo suficientemente sólido como para darle una buena vida a su hija.

Que cuando el muchacho se fue a buscar nuevos rumbos, la abuela estaba ya embarazada y por temas de tabú social, enviaron a la abuela a vivir en Capinota junto a unas tías que tenían allí una casa y negocio. Julia dio a luz a la tierna edad de los quince años.

Que la abuela tuvo a su hija, Irma, en Capinota, donde tuvo que aprender a usar pollera porque antes usaba vestido. Y que años después, se encontró por casualidad con el muchacho con quien no pudo casarse, éste le dio su apellido a Irma, pero que ya no podrían volver a comenzar pues él ya estaba casado y trabajando en los ferrocarriles, mientras que la abuela estaba ya casada con el papá de mi papá, es decir, mi abuelo.

Mientras yo pensaba que ésta era la historia de la abuela paterna, no tenía una buena opinión de los padres de la abuela y tampoco tenía interés en conocer más detalles de ellos.

Entonces, un día fui a visitar a la hija de Irma, Telly.

Ella me contó una historia muy diferente:

Resulta que Julia y sus padres vivían cerca de Capinota, al otro lado del río; eran agricultores y tenían una gran extensión de tierra donde cultivaban principalmente maíz, pero también frutas y hortalizas.

En cada cosecha de choclo, la familia llevaba el maíz a moler en los molinos de Capinota, destinando partes para harina blanca y otras para lagua, chicha, venta de choclo fresco, etc.

Un dato importante es que Julia tuvo primero un hijo varón y dos años después recién nació Irma. El aprendiz de sombrerero, padre de ambos niños, vivía en la misma casa que Julia, junto con los padres de ella.

Es verdad que cuando Irma nació, la abuela Julia tenía quince años, pero el dato que se omite es que cuando nació su primer hijo, ella tenía trece años.

Cuando Irma nació, ella heredó los ojos verdes de su abuelo, es decir, de Cosme. Por ello, Irma era “la niña de los ojos” de Cosme. Tan encantado y encariñado estaba con Irma, que se la llevaba a pasear por los sembradíos a caballo.

Algún tiempo después, tanto si se presentó la oportunidad como si el deseo de independizarse fue más fuerte, Julia, el aprendiz de sombreros y los dos niños iban a dejar la casa de los padres de Julia, pero Cosme se opuso a que Irma se vaya dándole a Julia un ultimátum cercano a “Váyanse ustedes si quieren, pero Irma se queda”.

Julia se enfrentó a la difícil decisión de escoger a cuál hijo abandonar.

El sombrerero se fue con el hijo mayor, mientras que Julia se quedó con la hija menor en casa de sus padres.

Décadas después, el hijo mayor fue a buscar a Irma y a su mamá a Capinota primero y luego a Oruro; finalmente, encontró a Irma viviendo ya casada y con una hija en La Paz.

Después de dejar la casa materna, el hijo mayor vivió una temporada en Oruro y luego en otros lugares para terminar echando raíces en Brasil, donde continuó viviendo por el resto de su vida, excepto durante los días en que volvió a Bolivia para encontrarse con su hermanita menor.

 

Esta es obviamente solo una pequeña pincelada de la historia de la abuela Julia, ella e Irma eran personas admirables. Poner por escrito solo la historia de Julia requiere mucha más dedicación, investigación y entrevistas. Pero no me asusta el acertijo.

¿Cómo o quién le contó a mi mamá la historia que ella me contó? No lo sé. Es posible que yo haya recibido la primera historia que se le vino a la cabeza porque le pregunté en cuanto me enteré de aquel concepto llamado “abuelos”.

Eso sí, la opinión que tengo ahora del bisabuelo Cosme es distinta.

Irma nació en el año de 1930, eso significa que la abuela Julia nació en 1915.

Las historias familiares son lo que son, no teniendo todos los datos, no habiendo vivido durante ese tiempo y en esa sociedad, no juzgo porque no es mi lugar.

Sé que nuestros ancestros están con la Luz, ellos eran tan humanos como nosotros, con virtudes y fallas; escribo acerca de ellos porque los hace más reales, no solo una fecha de nacimiento, otra de muerte y tal vez alguna foto. Es mi forma de honrarlos.

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