Travesuras Universitarias

Cuando estaba en la Universidad, “terminé” arreglada con un muchacho al que llamaban “Artista”. Digo que “terminé” porque no era precisamente el tipo de relación que yo quería, pero insistió tanto que acepté.

¿El porqué de tal apodo? Nunca lo averigüé, era su hermano el que tocaba en una banda de rock; y este “artista” tenía algo que ver con la banda, pero una vez en el escenario, todas las miradas iban dirigidas al vocalista mientras el resto podía desaparecer y nadie se hubiera dado cuenta.

De haber sido mi elección, lo hubiera llamado “Mochocientosmil” por la cantidad de granos que tenía en la cara.

¿Qué puedo decir? Inocentemente, pensé que, si era feo por fuera, debería ser lindo por dentro. En algún lugar leí que, si alguien era feo por fuera, entonces por dentro era una bella persona.

Aparte de su cara, había algo de él que no me cuadraba, algo que no me gustaba y no sabía explicarlo. Así que rompí con él.

Afortunadamente, para ese entonces “Artista” ya me presentó a sus amigos, todos de la carrera de Ingeniería Industrial; yo les presenté a todas mis amigas de Ingeniería Comercial. Una feliz y gran manada de parejas recién arregladas.

Habiendo terminado recientemente, “Artista” decidió someterme a una ley de hielo. Si él imaginó que sería un castigo, le salió el tiro por la culata, ya que el montón de parejas arregladas/ prendidas/ recién terminadas, se mantenía como un grupo de amigos bastante divertidos, en especial porque el grupo constaba de diez a dieciséis personas y solo una tenía carro, una vagoneta con capacidad para cinco sentados y ¿dos? en la maletera.

Entonces, cuando decidíamos ir a algún lugar, teníamos que amontonarnos en la vagoneta e ir sentados unos sobre otros, tanto adelante junto a la conductora, como en los asientos de atrás; y buena suerte a los que les tocara ir en la parte de más atrás que era la maletera.

En cierta ocasión, entraron a la vagoneta la primera fila de sentados entre los cuales estaba yo. Cuando le tocaba a mi amigo “Piwi” sentarse encima de mí, él decidió que era más práctico si yo me sentaba encima de él porque yo era mucho más pequeña y liviana.

Luego cerró una de las puertas para que entraran más amigos por el otro lado. Ya estábamos como cuatro personas en el asiento de atrás, dos ya tenían decidido que entrarían en el asiento delantero junto a la que conducía, otros estaban jugando piedra-papel-tijera para decidir quiénes irían en la maletera y tenían que entrar como tres o cuatro junto o encima de nosotros.

Era la hora de salida de clases y había la posibilidad de que más amigos quisieran unirse a los planes del momento, aunque no podrían ir en el mismo carro ya que los de la maletera estaban en prácticas de contorsionismo y otro amigo llamado “Buda” estaba entrando a ocupar el quinto “asiento” en la parte de atrás justo a mi lado. No recuerdo quién ocupaba el asiento del medio, pero tuvo que aguantar el peso de “Buda”.

En eso, alguien abre la puerta que “Piwi” recién cerró. ¡Sorpresa! Era “Artista” que, lanzándome una mirada de asesinato, volvió a cerrar la puerta dando un portazo. Él no fue a los planes de ese día, dejó de hablarme por completo y poco a poco dejé de verlo en los corredores, al siguiente semestre decidió vengarse de mí, pero esa es otra historia.

Hasta el día de hoy, cada vez que veo un auto lleno de jóvenes, algunos con las caras aplastadas en las ventanillas o pies saliendo por alguna ventana abierta, mi corazón se llena de alegría por la cantidad de veces en las que yo también estuve en un carro lleno amigos que, entre risas y dolores causados por codos en ángulos extraños íbamos, y a veces, nos recogíamos de las cuatro esquinas de la ciudad.

Los universitarios no suelen destacarse por tomar decisiones sensatas, normalmente solo buscábamos no ser detenidos por algún policía. Pero a pesar de todas las decisiones bien o mal tomadas, algunos sobrevivimos hasta ahora y son recuerdos que, por lo general, me hacen reír.

Otra cosa, agradezco profundamente que en ese entonces no existiera el internet ni redes sociales. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Memoria: Mamina

Mi salida del armario "Woo-Woo"

Ouch!