This don’t fly no more
Anoche, antes de dormir, me conecté a Tiktok para ver algunos videos. En uno de ellos, entrevistaban a una señora; no recuerdo los datos exactos del tema de la entrevista o si el video mencionaba si la señora era historiadora, o simplemente alguien que unió los puntos y los comparó con la actualidad.
El hecho es
que la señora hablaba de la cantidad de abuelas y bisabuelas que, al cuestionarlas
acerca de la historia familiar, ellas contaron que “el abuelo (o bisabuelo) me
robó” y esa era la razón por la que todos llegaron a nacer.
Que cuando
el abuelo (o bisabuelo) robó a la abuela (o bisabuela), ella era menor de quince
años y en algunos casos era una niña cuando el “ladrón” era muchísimo mayor. Y que,
si la niña lograba escapar y de alguna forma volvía a su hogar, normalmente era
rechazada por haber dejado de ser virgen e incluso obligada a casarse con el “ladrón”.
Eso me dejó
pensando mientras procesaba mi shock. ¿Cuántas abuelas y bisabuelas de cuántas
familias tuvieron que casarse con su secuestrador y violador?
El trauma
que esas niñas sufrieron no se quedó con ellas, lo heredaron sus hijas, nietas,
bisnietas, etc.
Las
heridas, traumas y maldiciones generacionales nacen y luego se cementan por una
variedad de situaciones traumáticas, como por ejemplo guerras, invasiones, hambrunas,
crisis políticas y económicas, etc. Existen un sinnúmero de estudios realizados
a los sobrevivientes del Holocausto que confirman cómo el trauma generacional afecta
las vidas de los descendientes hasta hoy en día.
Lo cual me
inclina a preguntarme: ¿cómo afecta a los descendientes el trauma de la abuela
robada? ¿Cuáles son los efectos que causó la traición de los padres de estas
niñas al rechazarlas en el nombre de lo que dirán los demás? Psicólogos profesionales
pueden responder estas preguntas.
Yo no tengo
respuesta para la primera pregunta, pero imagino que la respuesta para la
segunda incluye una profunda desconfianza.
En algunas
familias, la historia de “la abuela robada” fue romantizada al punto de ser
contada como una travesura del abuelo o algo casi cómico. Excepto que no lo es.
Afortunadamente,
los tiempos han cambiado y ladrones de ese tipo pueden terminar en la cárcel bajo
cargos que incluyen trata de personas, secuestro, violación, pedofilia, etc.
Aquellas
familias que romantizaron la historia de “la abuela robada” tienen mucho que
sanar emocionalmente, pero ¿qué pasa con las familias en las que las abuelas y
bisabuelas no contaron nada por una u otra razón?
Dependiendo
de la creencia espiritual de cada individuo, el árbol genealógico puede retroceder
hasta Adán y Eva, algún primate o incluso algún otro ser. Sea cual sea nuestra creencia, las probabilidades de tener alguna abuela robada en nuestro árbol genealógico son bastante elevadas, si no casi 100% seguras, la información con la que no contamos es la cantidad de veces y generaciones atrás en las que ocurrió tal suceso.
Hoy en día
está de moda sanar emocionalmente para vivir vidas más calmadas, cómodas y para
que nuestros descendientes no tengan que cargar con nuestros traumas, ya que de
una u otra forma terminaría afectando sus vidas; es, en cierta forma, dejar el
mundo en mejor estado del que lo encontramos.
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