El crimen perfecto
Desde tiempos inmemoriales existe una tradición entre los jóvenes que, de alguna forma u otra pasa de generación en generación, los padres de familia rara vez discuten el asunto con sus jóvenes hijos por temor a que copien sus andanzas o las corrijan y aumenten, esta tradición es: “La fiesta”.
No recuerdo
exactamente que año fue, no recuerdo a donde viajaron nuestros padres, pero
recuerdo que fue un viaje de varios días durante la semana y que tenían que
volver el domingo. Mi hermano Heque, no estaba viviendo en casa con nosotros,
creo que era cuando se casó y se fue a vivir un tiempo a Israel. ¿1.992? ¿1.993?
No lo recuerdo bien.
Mi hermana
Ivi estaba en la universidad, por lo tanto, yo estaba en colegio. Ivi tenía un
buen grupo de amigos, todos eran buenas gentes, tanto las chicas como los
chicos.
¿Cómo
surgió la idea de la fiesta? No lo sé, pero de pronto era sábado por la noche e
Ivi me informó que algunos amigos estaban yendo a casa, me preguntó si le
quería ayudar a servir refresco. ¡Por supuesto que yo quería ayudar! Sus amigos
eran divertidos y como yo no tenía amigos en el colegio, amigos prestados por
un rato sonaba divertido.
Poca luz, montón
de gente, refrescos[1],
música con volumen alto y gente bailando. ¡Ah! Eso es una fiesta. Yo no
participé, me quedé en la cocina escuchando lo que otros hablaban y reían, eso
fue divertido.
No recuerdo
la hora, pero recuerdo que el “ayúdame a servir refrescos” se convirtió en
“ayúdame a limpiar”. No recuerdo cuanto tiempo nos tomó, pero fueron por lo
menos un par de horas antes de dejar la sala, comedor y cocina tan limpias y
ordenadas como para decir: “Aquí no pasó nada”.
Nos fuimos
a dormir; horas después llegaron nuestros padres de su viaje, y nunca se
enteraron que noche antes hubo una fiesta de universitarios en casa. El crimen
perfecto.
Todas las
reglas contienen excepciones, por lo que mi crimen no fue tan perfecto.
Ocurrió cuando
yo estaba en la universidad, es decir, en algún momento entre el 2.001 y 2.003.
En ese entonces, yo ya tenía experiencia de fiestas universitarias por lo que
no invité a mis amigos de la universidad, pero abrí la invitación a los
dirigentes de mi grupo scout.
Mi papá se
fue el fin de semana a Capinota, dijo que volvería el domingo. En ese entonces
mi hermana Ivi ya no vivía en casa, tampoco Heque; solo mi papá y yo.
Sábado por
la tarde invité a todos los dirigentes que estaban en edad universitaria,
cuando llegaron a mi casa no traían música, sino guitarras y refresco[2].
Éramos alrededor de quince a veinte personas entre chicos y chicas.
Fiesta no
lo fue, pero guitarreada, sí.
En algún
momento de la noche, se acabó el "refresco" y teníamos que ir a comprar más. A
fuerza de insistencia, me convencieron de ir ¡en la camioneta amarilla de mi
papá!
Estábamos
en dos carros, por delante iba mi amigo Yury, conduciendo su destartalado Jeep
Willis de la Segunda Guerra Mundial, la camioneta de mi papá la conducía otro
de mis amigos, Pablo, porque yo no sabía conducir, además que yo estaba ocupada
rezando para que no le pasara nada malo a esa camioneta.
Era sábado
por la noche, por lo tanto, la ley de la popularidad indicaba que “todos
aquellos jóvenes con carro debían dar por lo menos una vuelta por las Islas
para chequear y ser chequeados”.
Antes de ir
a comprar refresco, fuimos a dar una santa vuelta a las “Islas”[3].
Era
chistoso, todos tenían cara de no estar interesados mientras los ojos se movían
de un lado a otro chequeando a todos. No existían las redes sociales en ese
entonces.
Subir hasta
la Ciclovía, dar la vuelta por el puente sobre la torrentera y bajar de vuelta
a la Av. América nos tomó cerca de una hora, todos los carros iban a una
velocidad de cinco a diez kilómetros por hora, luego a la licorería y
finalmente, de vuelta a mi casa a continuar la guitarreada. A la camioneta no
le pasó nada y yo respiré tranquila.
Todos se
fueron cerca a las 3 am, entonces empecé a limpiar, me fui a dormir como a las
9 am porque Pablo hizo marcas de llantas en la acera al volver a mi casa, el
chacra no sabía parquear; me tomó horas hacer desaparecer esas marcas de
llantas.
Mi papá
volvió en la tarde, pero no se dio cuenta de nada. Entonces llegó el lunes.
Como era
costumbre, yo abría la puerta del garaje para mi papá cuando estaba en casa,
ese día corrí y abrí la puerta; mi papá entró a su camioneta amarilla y al
prender el motor, de inmediato empezó a sonar la radio que normalmente estaba a
todo volumen sintonizada en la “Radio Panamericana”. Solo que ese día esta
sintonizada en “Radio Activa”, una radio de solo música rock y alternativa, por
lo que mi papá saltó al escuchar una canción de “Stone Temple Pilots”.
De inmediato
salió de la camioneta, me miró mientras yo ponía una cara de “inocencia”, dio
una vuelta entera a la camioneta fijándose en todos los raspones, manchas e
inventariando qué estaba donde. Al terminar de dar la vuelta alrededor de la
camioneta, me miró con algo cercano al respeto, se volvió a subir, cambió la
sintonía de la radio y se fue a la ferre.
No fue un
crimen perfecto, mi papá sabía que yo había sacado su camioneta “Baywatch”[4]
a pasear y que probablemente había hecho mucho más, pero excepto por la
sintonía de la radio, no había más pruebas y en vez de abrir la puerta a “otra
investigación” acerca de mis actividades, prefirió dejarlo ir.
Recordando
aquellos años, creo que mi papá sabía mucho más de mi vida de lo que yo le
contaba, creo que cuando yo dejé de vivir mi doble vida y decidí dejar de
mentirle, el unió más puntos de lo que le di crédito. Inclusive llegué a
invitar a mis amigos de los scouts a guitarrear en mi casa cuando mi papá
estaba en el segundo piso viendo televisión; mi papá sabía que estábamos en el
comedor, mis amigos venían con su permiso, pero yo no tomaba alcohol, solo Coca
Cola.
Yo hice el
esfuerzo por llevarme bien con mi papá, él me respondió dándome amor, entendimiento,
consejos y paz.
[1] Si eran refrescos con o sin alcohol, no lo sé, yo solo vi lo
que parecía ser Coca Cola. Emocionalmente, yo era una niña, por lo que ni
siquiera se me ocurrió preguntar.
[2] Si, este refresco estaba mezclado con algo
parecido al Ron. Los universitarios normalmente no tienen plata, por lo tanto,
he llegado a tomar un “Ron” que tenía pedacitos de madera dentro de la botella
para darle “color”. No recomendable.
[3] Al principio de la década del 2.000, las “Islas”
estaban en la Av. Villarroel entre la Av. América y Ciclovía. Cada carro se
denominaba una isla por que sus ocupantes lo parqueaban en cualquier espacio
disponible y el resto de la noche se dedicaban a tomar y ver a la gente pasear.
Cada carro tenía su propia música, todos competían por dominar el espacio
público con su selección de música.
[4] “Baywatch” era una serie de televisión acerca de los que
trabajaban como salvavidas en playas de Los Ángeles; empezó en 1.989 y terminó
el año 2.000. En la serie había una camioneta amarilla igual a que tenía mi
papá, por eso la llamábamos “La Baywatch”.
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